
Inicio de la comparsa
Jenaro Vera Navarro
Aunque con el tiempo he llegado
a ser "capataz perpetuo" de mi Comparsa de Zíngaros,
título honorífico que ostento con satisfacción
y orgullo, debo decir que no soy festero de los de primera hora,
sino que la Fiesta comenzó a germinar en mí una
vez terminada la del año 1.947 en la que, por circunstancias
muy especiales, participé por primera vez, animado por
la insistencia de dos buenos amigos de la recién incorporada
comparsa de Musulmanes, en la que además de los dos "insistentes"
antedichos también tomaron parte otros compañeros
de mis andanzas teatrales.
Fue tan grande la impresión
que me produjo el participar en la totalidad de actos que entonces
se celebraban, fue tal la transformación de emotiva complacencia
y tal la importancia de las atenciones que prodigué y se
me dedicaron, que me sentí invadido por el virus de la
Fiesta; una especie de gusanillo que transforma y trastorna el
metódico discurrir de la vida, y que induce, sin que nada
ni nadie pueda evitarlo, a desear seguir experimentando las mismas
sensaciones vividas y que aquel que no las experimenta imagina
que están lejos de la realidad que otros te comentan. Me
entró la fiebre festera, una especie de sarampión
que no podía aceptar me durara un tiempo indefinido y que
tan solo se podría curar, pensaba yo entonces, si seguía
tomando parte en la Fiesta de Moros y Cristianos, en la que para
mi suerte, yo acababa de participar.
Mi entusiasmo por ella había
que comunicarlo y si era posible contagiarlo al grupo de amigos
más íntimos, aquellos con los que más convivía,
y a los cuales consideraba más propensos a ser convencidos
para que me ayudasen a ver realizada la idea que germinó
en mi mente después de la grata, edificante, y magnífica
experiencia musulmana que yo había experimentado.
Tuve suerte en la propuesta que hice al grupo de los amigos más
allegados porque ninguno de ellos estaba seriamente comprometido
con ninguna de las comparsas existentes, aunque Antonio Tamayo
y Manuel Maestre estaban a punto de ser Marroquíes, Julio
Vera, Luis Juan y Joaquín Vera no tenían decidida
su participación con ninguna comparsa, y contando con el
resto de amigos cuya lista omito por si flaqueara la memoria y
quedara alguno sin nombrar, pensamos que éramos un número
suficiente como para empezar a exponer nuestros proyectos.
Se trataba de fundar una comparsa nueva en ELDA. Pero la verdad
es que resultó tan nueva, que en el ámbito festero
que después llegamos a conocer no encontramos, ni por casualidad,
vestigios de algo parecido.
Julio Vera, era representante y almacenista de curtidos, magníficamente
relacionado, buen administrativo y amigo entrañable, fue
nombrado Secretario, Tesorero Contador y demás cargos propios
de una asociación en esta comparsa que todavía no
existía, siendo también al mismo tiempo el administrador
de unos bienes que aún estaban por llegar.
Manuel Maestre, considerado
entre nosotros como la "masa gris" del grupo fue nombrado
Presidente, Consejero general y principal, para la toma de decisiones
y contactos con quienes debían de aprobar nuestro proyecto,
que todavía no tenía nombre asignado.
Antonio Tamayo, por sus más que buenas relaciones que las
recién nombradas autoridades y su carácter temperamental
y sus tajantes decisiones fue un todo terreno de las relaciones
públicas y privadas, y además el elemento necesario
e imprescindible para la consecución del material preciso
para la fundación y puesta en marcha de nuestra Comparsa.
Luis Juan Alba, formaba parte
de la "comisión artística", pues era el
"tío del detalle" y de la acabada y perfecta
faena; socarrón, de ideas perfectamente realizables, fue
durante muchos años el Zíngaro meticuloso que solía
poner esa guinda que dejaba más perfecta esa obra ideada
por otros.
El que esto recuerda, Jenaro Vera, portavoz de la idea y con grandes
aficiones a mandar, obediente a todas las indicaciones hasta la
formación y puesta en marcha de la Comparsa, ejercitó
luego en la misma sus deseos de mando de manera tan eficaz e insistente
durante cerca de treinta años que consiguió que
"la masa gris" directiva de la misma le nombrase "capataz"
como al principio se ha dicho.
El resto de amigos que formaron la directiva imaginaria, Arellano,
Joaquín, Confi, Humarán, Roberto, Fernando, Peñataro
y un largo etcétera nos iban alentando deseándonos
un feliz resultado en nuestras gestiones.
Lo primero fue buscar y elegir el nombre y el atuendo para lo que queríamos fundar. Una película nos dio la primera pista ya que en nuestros pensamientos estaba el hacer una Comparsa en la que encajaran perfectamente y pudieran lucirse a tope nuestras hijas e hijos en aquellos años de muy corta edad.
En el Teatro Castelar proyectaban por aquel entonces una película de Stan Laurel y Oliver Hardy, cuyo título era Fra-Diávolo, llamando nuestra atención los "afiches" correspondientes a la misma y que estaban expuestos en las carteleras que llenaban el vestíbulo del cine. Nos dejaron entrar a ver la película, pues tanto Tamayo como Maestre tenían pase gratis, colándome yo como acompañante. Al verla tuvimos la solución para el nombre ya que las escenas más bonitas nada tenían que ver con los dos cómicos que eran cabecera de cartel. Eran protagonizadas por una tribu de gitanos de Centro-Europa, con sus características acampadas y sus notables danzas interpretadas por un cuerpo de baile de los que tanto y tan bien prodigaba el cine americano. Quedamos encantados de lo que habíamos visto. Teníamos la Comparsa casi bautizada, ZÍNGAROS, y tan solo nos faltaba un pequeño pero importante detalle: ¿Como explicábamos la forma del traje, sobre todo el de hombre?, ¿Que idea teníamos nosotros para poder plasmar en un dibujo lo que nos había gustado, para ser aprovechado en nuestra Comparsa?. Tamayo nos dio la solución cuando estábamos de nuevo en el vestíbulo camino de la calle. Los tres o cuatro "afiches", que mejor aclaraban lo que queríamos que se diseñara y otros que representaban zíngaras en el campamento y con su carromato, desaparecieron entonces como por arte de magia y una hora después en el despacho de la fábrica de mi padre, encima de la mesa podíamos contemplar con detalle y con toda tranquilidad, casi todo lo que habíamos visto en la película y nos había proporcionado la idea para inventar, con relativa fuerza de imaginación, lo que seria nuestra Comparsa.
Primero se confeccionó
el dibujo de los trajes, tanto el de la mujer como el de hombre,
encargándose Manuel Maestre de presentar los diseños,
denominación y demás proyectos relacionados con
la comparsa a la Junta Central, para su estudio y aprobación,
si lo estimaban conveniente.
Las personas que tenían que aprobar la entrada de nuevas
comparsas en la fiesta no mantenían un sentido demasiado
estricto para su admisión, y salvo en casos de auténtica
anarquía y anacronismo no ponían demasiados inconvenientes,
con el fin de no interferir ni poner trabas a los buenos deseos
de algunos jóvenes y algunos menos jóvenes, que
querían hacer revivir agrupaciones de una juventud ya pasada
y que en su momento fueron notables. Y llega el momento. Los Indios,
los Usares y los Judíos no son admitidos, y sin embargo
los Zíngaros apadrinados por la Comparsa de Estudiantes
y avalados personalmente por la decidida intervención de
Maximiliano Aguado son admitidos con el compromiso de formar en
los desfiles de 1.948.
Debiendo señalar que no obstante los inconvenientes iniciales,
la aparición de nuestra Comparsa fue saludada en el Libro
de Fiestas de 1.948 con un artículo que ahora transcribimos
debido probablemente a la pluma de D. José Capilla, aunque
el mismo fuera firmado solo con las iniciales J.C.
Detalle curioso es que en el mismo se nombra a nuestra Comparsa
como "Cíngaros" con C, cuando en el propio título
se nos cita con Z.
BIENVENIDA A LOS "ZINGAROS"
Por J.C.
Ya llegaron. Desde fines del siglo XIII, dando tumbos por esos mundos de Dios. Dicen unos que salieron del país de los faraones, otros que de la India. En el ejido de la ciudad han establecido su rancho. Policromía de percales, brillos metálicos, de llantas y bisutería; carromatos desvencijados, jamelgos, parejos de Rocinante, con monturas, orejas lacias y ojos de agonía, y algún pollino distraído.
Ya están ahí. Ellas, rostros ovalados, perfectos, con ojos negros de los que matan; bocas de finos labios, incisión carmín. Altas, con matas de pelo al viento; andares y contorsiones que son gracia y salero. Ellos, finos, de largos remos; rostro picaresco con la frente festoneada por mechones de pelo negro y lustroso. En la boca, una ramita de albahaca o tal vez un rojo clavel en la oreja. Pañuelo de seda al cuello y en una mano un junquillo o vara.
Son los CÍNGAROS, los gitanos que traen su "fantasía" a la Fiesta de Moros y Cristianos. Su abanderada bien pudiera ser Preciosa, aquella gitanilla creada por Miguel - sin don y sin din - aquel buen Miguel tan sabedor de la condición humana, así de moros como de cristianos; todo bondad, corazón y entendimiento; Gloria universal de las letras españolas: MIGUEL DE CERVANTES
Ved como, amigos "Zíngaros"
vuestra humorada trae a estas páginas el recuerdo de Miguel
- sin don y sin din - en el IV centenario de su nacimiento que
actualmente celebra España.
¿Queréis más honrosa bienvenida?
(Programa de Fiestas de 1.948)
Ha llegado la hora de la verdad. Ya tenemos Comparsa sobre el
papel y es a partir de ahora cuando comienza, muy en serio, la
verdadera tarea de aglutinar a todos los que nos han alentado
a persistir en nuestro empeño, y a planificar bien para
llevar a realidades lo que hasta entonces no había pasado
de ser un sueño.
Julio Vera, Manuel Maestre, Antonio Tamayo, Luis Juan, Joaquín Vera y Jenaro Vera, que esta actuando de narrador, ponen en manos y cabeza la obra con el fin de encontrar militantes para tomar parte en todos los actos de la Fiesta, y socios de garantía económica que protegieran las ideas y fantasías para poder coordinar el bolsillo con la imaginación.
Necesitábamos como base principal para una iniciación de éxito una Abanderada y un Capitán. La elección de la Abanderada hay que atribuírsela a dos de los puntales directivos ya que a los dos se les allanaba bastante el camino con la elegida aunque no hubieran consultado con ella. Angelita Peñataro fue la elegida y a ella fueron trasmitidos nuestros deseos por mediación de Julio Vera que tenía una buena relación con José Peñataro, y por Luis Juan Alba que por aquel entonces era proveedor de cajas de cartón para los calzados que fabricaban los Hermanos Peñataro. El éxito fue total. Conseguimos la Abanderada y también que Pepe Peñataro fuera Zíngaro participe de la fiesta, y que sus dos hijos Pepito y Manolín ingresaron a muy corta edad en nuestras filas. Pero aun nos faltaba el Capitán.
Manuel Maestre, nuestro presidente fue en su busca, convencimiento y captura. El nos proporciono el ansiado elemento que fuera capaz de encaramarse al caballo y acompañar a la Abanderada, en esa tarea tan bonita pero para nosotros tan difícil de entender por aquel entonces. LUIS BERNABEU DÍAZ tenía en aquellos años relaciones comerciales con Maestre y no fue difícil conseguir que nos diera el sí, ya que Luis acogió con verdadero cariño la idea de ser el máximo representante festero de un grupo de amigos a los que se consideraba muy ligado.
Ya teníamos Comparsa, los Zíngaros, Abanderada, Angelita Peñataro, y Capitán Luis Bernabeu, ahora nos faltaba la Bandera.
Bajamos a Alicante la junta directiva al completo y visitamos el taller de D. Tomás Valcárcel que se hace cargo del estudio del dibujo y de su realización u orientación al decirle nosotros que tenemos un magnifico sastre. Se le encarga la confección de la primera bandera, que una vez en nuestro poder encontró en Laura Rosas Amat la gentil madrina de esa enseña que fue nuestra fiel compañera durante unos cuantos años, concretamente hasta 1.972.
La admisión de socios no significó hacer colas de ninguna clase, cosa de la que era difícil librarse en aquellas fechas para conseguir algo, pero los Zíngaros hubieron de ser buscados y bien elegidos porque no todo el mundo se atrevía, ni nosotros prodigábamos las solicitudes demasiado. Solamente nos interesaban los íntimos, aquellos que si no estaban dispuestos a formar para participar en la Fiesta, si lo estuvieran para colaborar en lo económico, para hacer más llevaderas las paupérrimas finanzas que pronosticábamos.
Fernando Rico y Antonio Vidal desde Madrid fueron Zíngaros distinguidos en ese aspecto. Regino Pérez aporto su colaboración económica y a su hijo Regino que luego sería presidente, para salir en la Fiesta. Roberto Gil, Julio Beneit, José María Humarán y Jorge Ruiz colaboraron a sostener esta comparsa que les ha sobrevivido y está en condiciones de agradecerles su siempre desinteresada colaboración.
Pero volvamos al caso. Una vez resuelto sobre el papel el diseño adecuado para el traje, blusa y chaleco, siendo director técnico D. Tomás Valcárcel y como realizador nuestro magnífico sastre e inolvidable amigo Gregorio Egido, hubo que hacer frente a la confección del sombrero, lo cual tampoco resultó difícil, pues metidos de lleno en las relaciones comerciales de la alta costura y confección, unos artistas nos condujeron a otros y dimos con una de las más afamadas sombrereras de Alicante, María Vivas, y sobre esta firma recayó la responsabilidad y la obligación de poner la guinda final, colocando un sombrero con plumas y todo sobre la cabeza del figurín que habíamos ideado.
Parecía que habíamos empezado la casa por el tejado porque nos faltaba un elemento principal como era el calzado. Tengo mis dudas sobre si fue olvido o es que teníamos la seguridad de que este problema tendría para nosotros fácil solución, y en realidad al principio no fue difícil resolver el problema. Antonio Porta, hermano de la señora de Manuel Maestre se sumo a la lista como Zíngaro para todo. Así es que entre la fábrica de su padre, la de José Peñataro, la de Regino Pérez y la de mi padre la solución del problema resulto rápida y sin complicaciones, debido también a que aquel pedido inicial era en realidad como un pequeño muestrario. Las botas de la Abanderada, las del Capitán, unas de jovencita para Ana Sánchez que fue nuestra primera cabo de escuadra femenina, el par de botas que mi padre le hizo a su nieta, (de charol rojo y cascabeles hasta en el talón), única niña (seis años), que nos acompaño en la primera salida de la comparsa y veinticinco pares para mayores que se repartieron entre todos los fabricantes, ya que las botas de Regino se las hizo su padre
Lo verdaderamente difícil era mover la economía ya que las cuotas se resistían a entrar en las arcas del tesorero, pues aunque eran de escasa cuantía, los tiempos no eran medidos por la abundancia de pesetas.
Avanzaba el año, seguramente a la misma velocidad de siempre, pero para los que estábamos comprometidos parecía que las horas y los días transcurrían de dos en dos. Contratamos la Banda de Música de Petrel por aquella época bajo la batuta del Sr. Maleno. Encontramos un local en el que ubicarnos los días de fiestas gracias a la benevolencia del Zíngaro Jorge Ruiz que nos cedió el almacén de curtidos de Rodríguez Gancedo y Rubio. Un magnífico ebanista nos confeccionó unos palos de madera en donde iba una pandereta profusamente adornada, y el conjunto que durante algunos años nos sirvió para tener las manos ocupadas al desfilar resultó una verdadera obra de arte. Diego y Flori continuaron sirviéndonos por algún tiempo todo el material que se nos iba quedando en el camino ya que algunos los confundían con lanzas. Luego degeneró el artilugio y hubo que conformarse con una simple pandereta.
Hay sin embargo un fallo de principio en nuestra Comparsa, y la fiesta tuvo que esperar algún tiempo para que se subsanara, y para que se nos tenga la consideración de que somos una Asociación más de las que cumplen con todos los requisitos de la fiesta, aunque no haya sido la disciplina una de nuestras virtudes características.
Yo puedo decir en descargo de casi todos los Zíngaros que tomamos parte en aquella Fiesta de 1.948 que todos éramos novatos, tanto en las normas que había que seguir como en las normas que teníamos que cumplir para estar a la altura festera exigible.
El de mayor experiencia era yo, y mi participación, aunque intensa, había sido corta, y aunque acudí a todos los actos sin perderme ninguno mi poca afición a disparar había pasado desapercibida, pues en la Guerrilla de 1.947 hubo un número de Musulmanes que tomaron parte activa en ella y abusaron, si cabe, disparando, aunque no los sirviera de mucho por que a pesar de sus esfuerzos terminaron perdiendo el castillo.
El refuerzo que aportábamos los Zíngaros en el bando cristiano no era despreciable. Acababa de terminar una contienda que no quiero recordar y teníamos en nuestras filas un Teniente de Caballería, una Alférez Provisional, algunos que habían servido en antitanques y unos cuantos soldados sin graduación pero expertos tras tres años de campaña. A pesar de tan aguerridos elementos, el Capitán no se acercaba al arcabuz y tuvo que ser Pepe Peñataro el que tomara cartas en el asunto ayudando en ese año 1.948 a que no se desequilibrara el concierto de arcabucería.
En los años siguientes la comparsa fue entrando en la incruenta batalla aportando refuerzos que consiguieron que no hubiera diferencia entre los Zíngaros y cualquiera de las otras Comparsa del Bando Cristiano.
Pero recojamos el hilo de la narración. Por fin llegaron los trajes a ELDA. Los tenemos con tiempo suficiente para que sus destinatarios se los prueben y pueda enmendarse cualquier falta. Creo recordar que el primero que se lo probó fue el Zíngaro Julio Beneit al que le sentaba de maravilla según la opinión generalizada de todos los asistentes, pero a pesar de esas alabanzas, mi cuñado dijo que él no salía a la calle vestido de aquella manera, brindando como solución que nuestro sobrino Joaquín Planelles saliera en su lugar, De esta forma tan sencilla Chimo se vio involucrado en una Comparsa y en una Fiesta que desde entonces ya no ha dejado de ser suya. Julio Vera fue más rápido para quitarse el traje que para ponérselo. Y tenemos una nueva dedicatoria festera ya que se le adjudico a José Sánchez Pérez. El dedicado a José María Humarán no recuerdo ya a quien se lo endosamos, pero lo cierto y verdad es que veinticinco trajes de Zíngaro fueron los encargados; veinticinco los confeccionados; y veinticinco los Zíngaros que en una espléndida mañana del mes de mayo, y perseguidos por la banda de Música de Petrel iniciamos el recorrido por nuestras calles al son de alegres pasodobles.
Se fue de casa en casa recogiendo a la desparramada tropa, y una vez reunidos los veinticinco mayores, Ana, Acacín y el Capitán, pusimos rumbo a la confitería de Peñataro, donde a los acordes de la " Marcha Real " salió a la calle de Colon la bandera de la Comparsa y a continuación, como una ángel salido del cielo, la belleza espléndida de una angelical mujer, con la emoción brillando en su cara por ser abanderada de los Zíngaros, y con sus quince años transformados en plenitud con la aureola de la Fiesta.
A partir del segundo año comienza un crecimiento desmadrado de la Compara, ya que todos nuestros hijos e hijas toman parte en los desfiles y los Zíngaros experimentan un auge en la participación que empezó a ser difícil de controlar.
Esta avalancha de "nenicos" hizo que se tuvieran que volver de nuevo las miradas a los afiches de Fray Diávolo para copiar un carromato Zíngaro, ya que a los pequeños había que llevarlos "controlados". Luis Juan Alba se encarga de " empujar " para que la idea se convierta en realidad, y de su propia fábrica de cajas facilita el eje y las ruedas así como el motor, que no era sino la mula que utilizaban para el reparto de los envases "El Batanero", que era el encargado del reparto, que cargo también de la custodia del vehículo y de los nenicos, ayudado más adelante por Asensi que en aquella época era el vigilante la fabrica "los Veras". Julio Beneit siempre atento a cumplir su ausencia efectiva, se encarga de sustituir la caja superior por el modelo "ad hoc", y esta imagen inseparable de nuestra Comparsa, se convierte en un distintivo más de los Zíngaros hasta los años sesenta en que fue sustituida por una furgoneta " disfrazada de casetica " que aun continua hoy.
Diremos también que los niños se lo pasaban muy bien montados en la " carrozica " pero que dado en peligro que tenían los que se colocaban en el pescante superior, los padres al situarlos allí los solían atar para evitar una posible caída, combatiendo sus ganas de moverse con la entrega de cartuchos de "tramusos" que los pequeños consumían durante el recorrido del desfile.
La comparsa que incorporó a la Fiesta de ELDA el sonido característico de los cascabeles, desfilaba formando varias escuadras, si bien, como un presagio de lo que luego seria " el Mogollón ", de vez en cuando deshacían las mismas y formaban un círculo aplaudiendo a las niñas que bailaban en el centro de este singular corro.
En el año 1.953 vuelve
a aparecer un artículo de autor anónimo ilustrado
con varias fotografías y un dibujo de Alberto, así
como también se nos dedica en la página poética
un romance, dato que conviene destacar ya que a las demás
comparsas se les dedican versos de arte mayor, identificándosenos,
tal vez de forma subconsciente con la popularidad que da el lenguaje
del pueblo, popularidad esta de la que siempre ha venido gozando
nuestra Comparsa.
Zíngaros
Son los Zíngaros la Comparsa más joven de la Fiesta. Irrumpieron en ella cuando ya contaba tres años de existencia, llenándolo todo con el nuevo ritmo de las panderetas y la alegre llamarada de sus trajes multicolores.
En Diciembre de 1.947, llegan a una feliz realidad las animosas esperanzas de sus socios fundadores (Manuel Maestre, Julio Vera, Jenaro Vera, Tamayo, Arellano, Gonzálvez, Peñataro y otros), y la nueva Comparsa queda constituida. Está ya en pie el audaz proyecto; una original Comparsa, -inédita en el ámbito nacional de la Fiesta- hace su aparición en el Valle de Elda, asombrando a las montañas con los ecos de sus risas y sus canciones. En Enero de 1.948 es bendecida su Bandera. La madrina Srta. Laura Rosas, hizo entrega a los Zíngaros de su flamante enseña, y les dio, con ella, la nueva fe de comparsistas y cruzados.
Los tibios soles de Mayo se hicieron ardorosos para abrazar a esta Bandera que florecía por vez primera, entre sus gentes, allá en la primavera de 1.948. Era la primera salida oficial de la Comparsa. Las calles se llenaron de rumor cascabelino de su paso, y un estruendo de aplausos fue la trayectoria de su caminar vibrante en el desfile.
Recuerdo que esta estampa sugestiva, de color y de belleza nos hizo soñar un poco Zíngaros, húngaros, tziganes pueblo errabundo y aventurero, prendido su porvenir en el sortilegio de los naipes que una mano morena va descifrando, sembradores a voleo de armónicas melodías por los caminos serpenteantes, enamorados eternos de las luminarias que se encienden en la noche, bravos y gallardos en sus luchas de tribu, y rendidos y sumisos bajo la mirada acariciadora de unos ojos negros
Desde entonces hasta aquí
¡cuántas alegrías, cuántas preocupaciones
y cuántas luchas por el porvenir de la Comparsa!
Tres Capitanes (Luis Bernabeu, José Peñataro y Pedro
García) han conducido a los Zíngaros en el fingido
azar de la "guerrilla" y tres Abanderadas (Angelita
Peñataro, Elibel Maestre y Manolita Rizo) dieron escolta
de honor y belleza a la Bandera. A esta Bandera, cargada de nostalgias,
que no puede olvidar el encanto de sus antiguas portadoras, hasta
que no recibe en su seda estremecida el beso y la caricia de la
nueva Abanderada.
Este mismo año nos trajo la visita del dolor y de la muerte como quedo reflejado en el programa de Fiesta de 1.954.
EN RECUERDO PERMANENTE
DE VICENTE MARTÍNEZ,
"FESTERO" ENTUSIASTA
Y JOVIAL Y AMIGO CORDIALISMO
Ya no vas a salir con nosotros.
Ya cercana la algarabía del desfile, no nos queda de ti
más que el sordo dolor de haberte perdido para siempre.
El hueco que queda en tu escuadra no puede llenarlo nadie. Sólo
la presencia imborrable de tu recuerdo. Solo el cariño
sincero y entrañable, ahora ahogado por el dolor de los
que fuimos tus amigos.
Jovial, animoso, con la amplia promesa de toda una vida por delante,
sembrado el camino de ilusiones y cuando ya casi alcanzabas la
meta que te habías forjado, una trágica pirueta
quebró para siempre tu joven vida. Dicen, y es verdad,
que Dios elige a los mejores. Y como tú eras uno de ellos,
bueno, querido por todos, limpia tu alma de amarguras y rencores,
Dios te eligió. Para que, a la vez, supiéramos todos
del dolor, ese dolor que muerde, de perder al amigo de todos los
días, de todas las horas, al amigo de siempre y de más
allá.
Pero aún estas entre nosotros. En presencia metafísica,
casi palpable aún. Y en estas Fiestas que aquí anunciamos,
cuando los "Zíngaros" colmen las calles de música
y de colores, tú irás con nosotros llenando con
el recuerdo de tu presencia el hueco que deja tu cuerpo. Con nosotros,
Vicente. Siempre con nosotros. Porque ya siempre es nuestro el
dolor de tu ausencia. Y que Dios, que te eligió, te haya
dado la Gloria que te mereces
Comparsa de Zíngaros
Y ese mismo año se nos vuelve a dedicar un pequeño romance como pie de una bella fotografía de Oscar Porta.
En el año 1.955 y también de autor anónimo aunque pienso que debió de ser de nuestra Comparsa por el mucho amor que sus palabras destilan hacia ella, vuelve a dedicárselos un artículo cuyo título es nuestro nombre "Zíngaros". Palabra que al parecer ya bastaba entonces para describir una manera de ser festero.
Zíngaros
Hijos del eterno peregrinar como estigma que pesa sobre vuestra
frente ensombrecida por el aire de todos los caminos: detened
vuestra marcha y unios al cortejo heterogéneo y multicolor
de nuestras ya famosas Fiesta.
Hombres y mujeres sin patria y sin hogar que vais suavizando las
espinas del sendero con la alegre melodía de vuestras canciones,
sonad las panderetas mientras los pies trenzan el ritmo subyugante
de bailes lejanos y exóticos que acarician los ojos y aduermen
los oídos al conjuro de bellas ensoñaciones. Caravana
de coplas y amores que no siente la indigencia de los cuerpos
porque espera siempre un mañana mejor colmado de venturas
y satisfacciones sin cuento. Todo se conjuga en este abigarrado
conjunto para ofrecer al espectador absorto la nota simpática
de un bello plantel de jóvenes eldenses presididas por
la figura esbelta y graciosa de su Abanderada.
Pasan los Zíngaros en su errabundo caminar y dejan en el
aire, como mensaje de amor y alegría, el cascabeleo de
sus risas, el eco dulce de sus canciones y la grata musicalidad
de sus castañuelas.
(Revista Oficial de Fiestas 1.955)
En aquellos años en que todos los comparsistas solían
verse con frecuencia, más por razones de amistad que festeras,
la verdad es que hasta unos días antes de las fiestas no
se " pasaba lista" para saber exactamente cuantos iban
a salir a la misma, llegándose a cobrar las cuotas precisamente
antes del primer desfile a fin de poder pagar a la banda de Música.
Los gastos de cuartelillo eran mínimos pues siempre se
ocupaba un local prestado por algún amigo, generalmente
el almacén de curtidos que representaba Jorge Ruiz en el
que se arrinconaban pieles y estanterías durante las fiestas,
aunque lo más normal es que la comparsa "aparcase
" en el Casino Eldense, en cuyos jardines podían los
niños corretear a sus anchas sin las limitaciones que indudablemente
imponía un local cerrado.
Una parada obligatoria en los desfiles era el desaparecido Hotel Sandalio en la calle del General Mola, antes Médico Beltrán y ahora Ortega y Gasset, en el cual las propietarias nos invitaban a toña con chocolate. Pero aunque el desfile solía terminar más o menos allí, los Zíngaros no terminaban aquí su recorrido, puesto que tras restablecer sus fuerzas continuaban hasta el Ayuntamiento, por cierto cerrado a cal y canto, ante cuya puerta se destocaban saludando una respetuosa reverencia. Desde allí y cumplido este acto protocolario ante nadie se marchaban al cuartelillo o adonde fuera.
Pero no todos los años fueron gloriosos aunque los participantes en los mismos lo recuerdan con gran cariño. A principio de los años sesenta hay un declive general en todas las Comparsas del cual los Zíngaros no son excepción. Un año llegaron a desfilar tan solo unos pocos alrededor de la carroza en la cual la orquesta de violines de Pascual Camps (Los Vieneses) contratada por el Casino Eldense interpretaba la " Canción Húngara " de la Zarzuela " Alma de Dios", cuya letra con mejor o peor fortuna, iban cantando los desfilantes. No obstante los recuerdos nos traen singulares anécdotas, como la de aquel zíngaro que dándoselas de Cabo de Escuadra, solía desfilar con unas cintas de las que usan las participantes en gimnasia rítmica, haciendo con ellas unas filigranas que entusiasmaban al público y que solo él y Dios saben cuantas horas de ensayo le costaría el conseguir la práctica necesaria. Igualmente era tradicional que dos ó al menos uno de nuestros zíngaros entrara por la tarde en el Cine Cantó en plena proyección de la película pisando fuerte por el pasillo y alborotando a la concurrencia con el sonido de los cascabeles. También en estos años y siguiendo con la costumbre de "pasar lista" justo antes de fiestas debemos decir que todos los desfilantes se reunían en la Cafetería Santa Ana y allí aportaban su cuota, debiendo señalar que José Yago llegaba con el importe de la misma ensartado en la cinta del sombrero y al saludar nuestro capataz se lo cogía. Igualmente y si quedaban con presupuesto deficitario se libraban unos efectos a cargo de comparsistas tradicionales, o dicho en Román paladino, se giraban unas letrinas por el importe de las cuotas.
No obstante lo dicho del impasse que sufrió la Fiesta, los Zíngaros siempre estuvieron presentes en ellas, y a ellos se les dedican diversas gacetillas y poemas en las Revistas de aquellos años, que como curiosidad del cariño que despertaban consideramos se deben recoger a continuación.
Zíngaros
Andariegos incansables que conocen el amanecer de cada día
a través de todos los horizontes porque llevan en su sangre
una perenne inquietud. Con la canción en los labios, el
contrapunto sonoro de la pandereta y la agilidad juvenil de sus
pies, trenzan la gracia de su figura.
Enamorados de su vivir errabundo iluminan su camino con el sol
de una eterna ilusión, a la que persiguen sin lograr alcanzarla.
Pero sueñan con la felicidad y ya la arrullan con el cascabeleo
de sus risas y la transmiten a quienes los ven pasar en su desfile
garboso y bullanguero.
(Revista de Fiestas del Año 1.965)
Las hogueras del campamento de los ZINGAROS se encienden cada
noche con el fuego que hay en los ojos de sus mujeres.
Aunque resulte un extraño gusto, al animal favorito de
los ZINGAROS debería ser la serpiente de cascabel. (Revista
Oficial del Año 1.966)
Los ZINGAROS son, sin disputa, la gente más amable. A causa
de los cascabeles de sus botas hasta sus puntapiés van
acompañados de música.
Las carretas de los ZINGAROS trazan surcos en forma de violín.
Los ZINGAROS se ahogan en el Valle.
Los ZINGAROS traen en sus blusas floreadas a la Primavera.
(Revista Oficial del Año 1.966)
-¿Que son los ZINGAROS, madre?
-Son como nubes que pasan, como lamentos de violines lejanos,
como promesas inciertas de vagas bienaventuranzas, como las ondas
en el agua quieta que surgen y se desvanecen
-¿De donde vienen los ZINGAROS madre?
-De ningún sitio, surgen entre nosotros envueltos, en el
misterio de sus ritos milenarios, el arcano de sus símbolos
y el hechizo de sus danzas.
-¿A donde van los ZINGAROS, madre?
-A ningún sitio, sus carretas ruedan sobre rutas imposibles,
caminando sobre colores y armonías, y estos caminos no
los ven más que sus cansados ojos de Zíngaros.
-Madre, yo quisiera irme con ellos.
-Duerme, hijo, y tal vez los encuentres en tus sueños de
niño.
(Revista Oficial del Año 1.968)
Yo no sé de donde vienen,
Nadie sabe a dónde van.
Sus canciones quedarán.
Porque sus canciones tienen
amores y fe. Convienen
en defender al cristiano.
Violín, pandero en su mano
tocan a guerra y amor.
Todo lo hace con ardor
el caballero gitano.
(Revista Oficial del Año 1.969)
Texto de la pagina 49 a la pagina 95